miércoles, 2 de octubre de 2013

INDEFENSIÓN APRENDIDA


“INDEFENSIÓN APRENDIDA”
Durante los años 70, los psicólogos Seligman y Overmaier desarrollaron una interesante teoría que, si bien en un principio sirvió para explicar comportamiento animal, posteriormente se ha mostrado con gran capacidad explicativa para un número importante de comportamientos humanos. Seligman y Overmaier descubrieron que, tras someter a un animal a constantes castigos y estados de shock sin posibilidad de escapatoria, dicho animal no emitía ya ninguna respuesta evasiva aunque, por ejemplo, la jaula en la que se le encerraba hubiese quedado abierta. Con otras palabras, había aprendido a sentirse indefenso y a no luchar contra ello. Posteriormente el fenómeno fue refinado en términos de una percepción de no contingencia entre posibles conductas de evasión y sus nulas consecuencias: hiciera lo que hiciera el animal siempre obtendría el mismo resultado negativo. La consecuencia más directa del proceso sería la inacción o pérdida de toda respuesta de afrontamiento. En esencia, éste es el principio de su Teoría de la Indefensión Aprendida, teoría que posteriormente ha sido aplicada al estudio de ciertos estados psíquicos emocionales y conductas humanas como la depresión, la autoculpabilidad, la carencia de autoestima, el fracaso escolar o el maltrato femenino.
De todas formas, dicha teoría ha sido en los últimos años trasladada al ámbito social por parte de sociólogos y psicólogos sociales con el fin de explicar el comportamiento pasivo y fatalista de la ciudadanía ante el constante ataque político y económico que deteriora sus derechos más fundamentales.
En efecto. La indefensión aprendida es considerada, en primer lugar, como una patología social en tanto que comportamiento perezoso y conformista ante las consecuencias más duras de la crisis económica actual como pueden ser el desempleo, los desahucios, la pobreza generalizada, los recortes sociales, salariales y de derechos que recaen en una ciudadanía que nada ha tenido que ver con sus causas y que se siente incapaz de comprender las razones por las que sus dirigentes son capaces de inducir un estado represivo de tan dudosa compatibilidad con los derechos humanos más fundamentales.
En segundo lugar, la indefensión aprendida es un estado patológico de miedo colectivo. La activista Susan George declaró hace tiempo que “España se había convertido en una rata de laboratorio capaz de soportar –y tolerar- el castigo sin mostrar síntomas de  inconformismo o rebelión social”. Esta actitud es explicable desde la teoría de la indefensión aprendida con cierta sencillez: las leyes, recortes y ajustes sociales son administrados gradualmente a la ciudadanía como un veneno que la somete a una ansiedad constante, contando muchas veces con el falso legitimador de determinados medios de comunicación y líderes de opinión, y con la finalidad de convencerla de la necesidad de aceptar resignada e inevitablemente la pérdida de sus derechos. Es lo que se entiende como “la doctrina del shock”, a saber: la finalidad última de semejante acción política (y manipulación mediática) estaría encaminada a postrar a la ciudadanía en un constante estado de shock provocando el temor, la parálisis social, la inacción, la pérdida total de motivación, la renuncia a la esperanza de alcanzar los sueños y las metas deseadas y el abandono de la posibilidad de la movilización social con el fin de mejorar la situación social y económica en la que vive. En suma, se trataría, pues, de generar en la ciudadanía un estado de desesperanza aprendida, de fracaso interiorizado, de parálisis emocional y de miedo patológico y colectivo.
La estrategia es clara. El miedo, esa emoción básica que nos paraliza y provoca inacción, está siendo utilizada políticamente como instrumento, por parte del neoliberalismo (que es, indudablemente, bastante más que una teoría económica) con el fin de alcanzar sus objetivos. Y lo hace de un modo eficaz demostrando también que el miedo puede llegar a convertirse en un constructo social y cultural intencionado e inducido.
¿Qué hacer ante esta situación? Seligman y otros autores apelan al optimismo como recurso para elevar la esperanza; apelan a la perseverancia y a la convicción de que cualquier situación, por difícil que sea, es siempre evitable. Abandonar la pasividad y la sumisión ante la realidad social en la que vivimos es prioritario y para ello convendría recordar e interiorizar definitivamente aquellas palabras de John Dewey con las que nos advertía que “una sociedad libre es aquella en la que sus miembros poseen la capacidad de elección y discernimiento, de comprender lo que ocurre en el momento en el que viven y de ser capaces de cambiar su situación si así lo deciden”. La resignación no parece, pues, la mejor de las opciones.
(Artículo publicado en "El Progreso" el 28 de Septiembre de 2013. Traducción al castellano del propio autor)

4 comentarios:

  1. Me da un poco de miedo pensar que esto está sucediendo en nuestra sociedad

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    1. Creo que es una evidencia manifiesta. Un saludo, Andrea

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    2. Gran artículo, Elías. Mi nombre es Diego Varela, antiguo alumno tuyo influenciado hasta el punto de haberme licenciado en Filosofía!! Un fuerte abrazo.

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    3. Gracias, Diego, por tu comentario. Un fuerte abrazo. Elías

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